top of page

Boardwalk Empire y Peaky Blinders: la magia de los dramas históricos

  • Foto del escritor: Revolcasmo
    Revolcasmo
  • 8 mar 2021
  • 8 Min. de lectura

Actualizado: 2 jun 2023

No he terminado Boardwalk Empire todavía y reconozco que estoy un poco estancada en la tercera temporada. Supongo que echo en falta el maravilloso retrato de los personajes de la serie de Steven Knight. Ese relato que Peaky Blinders nos cuenta tan bien y que, a su vez, tiende la mano al espectador para empatizar con la historia de una manera brillante. Aún así, me gusta la serie de Terence Winter. Las dos me sorprenden por permitirse toda licencia posible siendo fiel al mismo tiempo al marco histórico al que hacen referencia. Me cautivan.


Mientras algunos historiadores como René Dumont ve el Siglo XX como un siglo de masacres y guerras, otros como Rita Levi Montalcini piensan que, a pesar de todo, ha habido importantes revoluciones como las revoluciones feministas después de siglos de represión. Ambos acertados, no cabe duda de que ha sido uno de los siglos más violentos de la historia de la humanidad.


Me repetiría si dijese que la ficción televisiva ha cambiado notablemente desde la llegada de Twin Peaks y HBO y, quizá, incluso más desde Netflix pero conviene recordar un par de cosas. Porque Twin Peaks nunca fue simplemente una serie sobre quién mató a Laura Palmer. Ya que, independientemente de ello, había un universo entero lleno de secretos y personajes por explorar. Así mismo, The Wire es menos sobre policías y drogas que sobre la muerte de la América moderna. Y la batalla de Peggy Olson por ganarse el respeto de la sociedad es, hoy por hoy, tan importante como el baile solitario de Don Draper en Mad Men. Y esto es lo que las buenas series hacen: salir de la caja y convertirse en algo mucho más grande. Así que no se engañen porque ni Peaky Blinders ni Boardwalk Empire serán un simple retrato de los años veinte y del crimen organizado. Bailan con los desastres de la guerra y usan de su magia para obsequiarnos con una imagen juguetona de toda aquella época. No pretenden ser verosímiles pero sí honestas.


Estados Unidos, poco desgastada por la guerra, se convirtió en la principal potencia económica del mundo. Sus industrias prosperaron y sus habitantes, subidos al carro de la abundancia, hicieron del consumismo un auténtico modo de vida. Políticamente, el conservadurismo y la exaltación fue la ideología de los norteamericanos. Se persiguió al movimiento obrero y se marginó a las organizaciones de izquierda, ahora con mayor razón, pues Rusia había sentado un peligroso precedente que no podía repetirse. El conservadurismo llevó a tal grado que entre 1919 y 1933 se promulgó la conocida Ley Seca, por la cual se prohibía la ingesta de bebidas alcohólicas, lo que benefició a los contrabandistas, que gestaron grandes fortunas. Nunca se bebió tanto en Estados Unidos como en aquellos años de prohibición.


Ni siquiera habían pasado dos horas desde que se había aprobado la Ley Seca en Estados Unidos cuando al otro lado del país, agentes del Servio de Impuestos Internos arrestaban a dos camiones cargados de whisky que salían de los almacenes de Peoria, Illinois. Fue el primer arresto anotado desde la aprobación de la Ley Seca y el primero de cientos de miles por llegar. Este período es recordado como uno de los más lúgubres de siglo XX del país, aunque también es posible que haya sido -no hay mal que por bien no venga- uno de los que más hayan inspirado a escritores, directores y artistas. En realidad, en aquella etapa no se dejó de beber, claro que no, pero el consumo se realizaba en ámbitos más privados. Por supuesto, continuó la producción de alcohol de forma clandestina, originando así un mercado negro. Sin ir más lejos, en los primeros siete meses de aquel primer año, 900,000 cajas de licor encontraron su camino desde las destilerías canadienses hasta la frontera con la ciudad Windsor en Ontario.


Y en este contexto se mueve Boardwalk Empire. Además, la serie cuenta con un irresistible pedigree. Su creador Terence Winter, uno de los guionistas principales de Los Soprano y Martin Scorsese como productor ejecutivo y, además, director del primer episodio. Nucky Thompson, hilo conductor de la serie, está basado en un personaje real de Atlantic City. Una recreación más o menos libre de la figura histórica de Enoch L. Johnson, apodado “Nucky”, un político de Atlantic City que se enriqueció vendiendo alcohol durante la Ley Seca. Un extrovertido con una vida llena de placeres cuestionables. Nucky es un demonio, un asesino, un bully, rodeado de personajes incluso peores que él. Uno de los elementos que más estoy disfrutando de la serie es el modo en el que se nos ha retratado a este personaje en el que, a comienzos de la serie, se nos olvida por completo que es un asesino sin escrúpulos. Pero que, poco a poco, va mostrando su cara. De hecho, hay un momento de la serie en el que uno piensa: ¿cómo has podido hacer eso Nucky? Para después darse cuenta de que los guionistas llevaban advirtiéndote desde tiempo atrás lo que Nucky Thompson es. Pero tú no querías verlo porque te cameló como camela a todo su séquito. Ole. HBO vuelve a dar en la diana al apostar por esta serie ambientada en el mundillo de los gánsteres de los años veinte, cuando la “Ley Seca”, la prohibición del alcohol convirtió Estados Unidos en el campo de juegos de todo tipo de organizaciones criminales. Por supuesto, la Ley Seca resultó pronto un desastre y la prueba de que a veces es peor el remedio que la enfermedad, sobre todo cuando la solución se basa solo en políticas restrictivas. El grave aumento de la violencia y el refinamiento del crimen organizado puso La Ley Seca en el objetivo de la opinión pública. Lucky Luciano, Al Capone, Dutch Schultz y otros mafiosos de su calaña parecían, a esas alturas, los únicos verdaderos beneficiados de la prohibición. Personajes que la serie, con sus licencias (y bienvenidas sean), utiliza


Las motivaciones y las luchas interiores de los personajes son cuidadosamente atendidas, convirtiéndose de hecho en el principal material de base. Se procura que haya un trasfondo humano detrás de cada acontecimiento, que cada personaje resulte consistente incluso en sus contradicciones. Así como sucede con Peaky Blinders y como ya comentábamos al comienzo. Porque las buenas series de hoy en día guardan múltiples tesoros en sus cuarenta y cinco minutos de proyección.


En el primer episodio de la segunda temporada de Peaky Blinders, Tommy, Arthur y John se encuentran en el opulento nightclub de Darby Sabini. Confundidos por la experiencia de lo nuevo podemos encontrar a los tres aturdidos en silencio entre los ruidos del más puro jazz. Les aturde, a su vez, la pareja opuesta a ellos besándose, los ruidos distorsionados y los parpadeantes colores. ¿Lucían así los clubs de noche a comienzos de los años veinte? Probablemente. Pero no es lo realmente importante aquí, ¿verdad? Es el capturar la desorientación de los hermanos Shelby lo que verdaderamente nos da lo que necesitamos saber sobre el legado de la Primera Guerra Mundial y aquellos turbulentos años veinte en Inglaterra.


Francia y Gran Bretaña había sido las grandes triunfantes, pero la victoria no tuvo el buen sabor de boca que se esperaba. Los años de guerra habían pasado factura: también debían pagar las deudas que habían contraído, especialmente con Estados Unidos. En el caso de Gran Bretaña, ésta también se fue poco a poco alejando de la diplomacia europea. Se centró en sus propios problemas internos y el inmenso imperio colonial. Gran Bretaña, además, tuvo que ver cómo Irlanda, que había formado un parlamento propio en 1919, declaraba la independencia e intentaba el reconocimiento internacional en París abriéndose así una guerra civil entre ambas naciones. Este episodio de la historia contemporánea lo veremos también reflejado en ambas series. Aunque Peaky Blinders, ofrece un retrato más preciso ya que, sin ir más lejos, gran parte de la trama de su segunda temporada está relacionada con la lucha por la independencia irlandesa.

Si hay algo que Steven Knight tenía claro desde el comienzo de la serie era que no quería que fuese una exposición de lo horrible que era la vida en Birmingham por aquel entonces. Quería enseñarle a la gente cuán fantástico, salvaje y anárquico era todo. Desde los inicios, su intención siempre fue contar la historia de la misma manera que los americanos llevan su historia a la pantalla. Y que hacen tan bien. En palabras del director, quería mantener una atmósfera en la pantalla donde respetamos y pagamos la deuda con aquellos británicos de la post Primera Guerra Mundial. Decía Cillian Murphy al respecto, que la idea de Steven Knight era mitologizar a familias de clase obrera como los Shelbys.


Para ello, el director visitó los periódicos locales como el Birmingham Mail en vez de acudir a los archivos históricos y esto le proporcionó muchísima más información acertada sobre cómo era la gente corriente entre los años veinte y treinta. Dentro de los personajes reales, tenemos a Poly Gray (Helen McCrory), por ejemplo, que fue un personaje muy temido – todos los hombres le tenían miedo. Sam Neil, el Inspector Jefe Chester Campbell, también fue una persona real traída desde Belfast para controlar las bandas criminales en Birmingham o Alfie, un gánster judío de Londres unas veces aliado de Darby Sabini (otro personaje real) y otras veces su enemigo. El hecho de que la base de operaciones de Alfie tenía ubicación en Camden es muy importante porque los canales que están ahí llegan hasta Birmingham ya que están conectados. Por otra parte, la compañía que les proporcionaba los caballos, The Devil’s Horsemen, también tenían en posesión un cierto número de caravanas gypsy. Por aquel entonces, las caravanas eran sumamente decoradas siendo ese look parte de la cultura. Y todo esto les vino fenomenal para poder recrear la cultura gypsy de aquel entonces. Por otro lado, en la Primera Guerra Mundial, las tropas británicas y australianas tenían el pelo rapado porque las liendres tienden a concentrarse alrededor de la nuca. Pero no querían estar completamente rapados de modo que cortaban la parte de atrás dejando algo de pelo en la parte superior. Cuando volvieron de la guerra, así era cómo lucían. Y los gánsteres eran dandis. En Londres y en las grandes ciudades como Glasgow sabías quiénes eran gánsteres por cómo vestían, y vestían muy bien. Así era también en América.

Lo que hace aquí Steven Knight de manera magistral es ofrecernos la historia en sus detalles y en su esencia siendo un retrato agudo y elegante. Quizá el más bello que he visto en la ficción televisiva. Ese juego de luces y sombras que vemos en el mundo interior de cada uno de los personajes, pero también en todos los escenarios utilizados. Y esto se debe, también, a que se permite todo tipo de licencias al perfilarlos. Porque no podemos pensar en los Peaky Blinders como una típica familia británica de clase obrera. Aquí todo el mundo viste inmaculado y los interiores deben de lucir escandalosamente elegantes, aunque no hubiese nada allí.


Si hay algo que ambas series hacen muy bien es retratar los horrores de la guerra una vez se terminó y el trauma que dejó en millones de combatientes. Sin ir más lejos, desde el primer episodio de Peaky Blinders se pueden ver los horrores de la Primera Guerra Mundial en los hombres que volvían de ella. Pero Steven Knight no solo utilizó el trauma de la Guerra para moldear a Thomas Shelby sino también a Danny Whizz Bang, un personaje basado en Tommy Tank, el hermético veterano de guerra que vivía cerca de los padres del director. En Boardwalk Empire podemos verlo en personajes como Jimmy Dormody o Richard Harrow, un francotirador de la Primera Guerra Mundial y aliado de Jimmy. Todos almas heridas, confusas y amedrentadas de una manera u otra.


Ambas series, aunque de maneras diferentes, retratan la época lo más acertadamente posible sin perder la esencia de la ficción, esto es, encandilarnos contándonos historias brillantes. Mientras vemos cómo Nucky Thompson va cayendo en picado, porque él ya estaba en lo alto, lo opuesto le sucede a Thomas Shelby, en donde presenciamos su ascenso. Los dos luchan por el poder y los dos tendrán que ir en contra, incluso, de la familia. Pulidas hasta en sus detalles más pequeños, son como un rompecabezas que, al poner las piezas juntas, a uno le da la sensación de tener más o menos un mapa mental de la época. La magia de la televisión, de los buenos directores y de las ideas ejecutadas con cariño y tesón.


Comentarios


bottom of page