Mis miedos y tú.
- Revolcasmo

- 6 mar 2020
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 3 jun 2023
Cantaba Sabina porque el amor cuando no duele mata porque amores que matan nunca mueren. Claro, tú no sabes de qué hablo porque tú nunca has estado enamorado entonces vives en esa bendita ignorancia que tienen los amantes primerizos. Tú quieres creer en la eternidad y para ti no hay miedos porque jamás has visto lo que puede hacerle un buen desamor a uno. De esos que te trastocan por completo y te dejan sin respiración. Tú amas ingenuamente y de la manera más bonita porque no comprendes que el simple hecho de rozar tu piel a mí me deja sin defensas. Y quedarme embobada mientras te arreglas me da pánico. Pero claro, tú esto no lo entiendes. Tú te quedas en la cama mientras yo escojo qué ponerme y sonríes porque te apasiona ver cómo me desenredo el pelo o me pinto los labios sin pensar en los futuros que nos acechan como balas en la trastienda. Y te tranquiliza cuando te cojo por sorpresa y te abrazo mientras me preparas el café de la mañana, pero lo que tú no sabes es que eso a mí me inmoviliza. Y comprendo tu felicidad ingenua y bella porque tú nunca has vivido un hasta las cinco de la mañana temblando de dolor por las preguntas del pasado. Yo te envidio porque me agarras de la mano y crees que todo es posible y que, incluso, tendremos cinco hijos. Tú no tienes miedos porque tú solo quieres vivirnos en la plenitud y no alcanzas a conocer la magnitud de mis dudas y de mis preguntas. Yo, que he oído lo que las agujas del reloj son capaces de hacer, me pregunto por cuánto tiempo estarás aquí.
Te acaricio el brazo derecho como si pudiese adivinar todas las preguntas que la vida nos tiene preparadas y te agarro bien fuerte contagiada por la estúpida y bendita ignorancia que tú, como amante primerizo, me has dado. Te agarro tan fuerte para que me duela el alma de tanto quererte, aunque yo crea saber que será efímero. Y tú no me entiendes. Tú no entiendes el daño que tu piel cuando entra en contacto con la mía me hace y menos entiendes que me dé igual. Menos entiendes mis dudas y este ir y venir porque tú nunca has estado aquí antes. Maldita sea. Puede que tengas razón, puede que yo tampoco haya estado jamás en este lugar y que todo eso que he leído en mis libros favoritos no nos suceda y que los dichosos fantasmas aquí no tengan sitio y se vayan de una vez. Pero te juro que me muero de dolor cuando te pienso y me derrito cuando me acerco a ti. He pasado horas contemplando tus manías y todavía no me parece tiempo suficiente, me muero de miedo y ya no sé cómo recordártelo.
Tú, que nunca has estado aquí, te mueves como si esto fuese tu casa y yo, que creí haber estado, me siento desorientada. Has venido desde muy lejos para enseñarme lo que es amar bien y bonito y eso no se aprende todos los días.



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